Empecé programando. Esa sigue siendo la parte que más me gusta: entender un problema hasta poder escribirlo, y después construir algo que lo resuelva de verdad.
Mi carrera arrancó a finales de los noventa escribiendo software para el sector legal, donde aprendí que un sistema vale por el proceso que ordena, no por la tecnología que usa. De ahí pasé a la industria tecnológica, implantando soluciones empresariales para clientes de sectores muy distintos, y luego a la industria automotriz, donde durante once años me tocó modernizar sistemas legados y montar la plataforma de integración que conectó a toda la operación.
La banca me dio la escuela más exigente. Casi una década entre arquitectura, sistemas y dirección de tecnología, con migración de core, plataformas digitales omnicanal, proyectos regulatorios y la disciplina que impone un entorno donde una caída se mide en reputación y en multas. Ahí terminé de entender que la arquitectura es una conversación con el negocio, no un diagrama.
Hoy trabajo en transformación digital dentro de un grupo empresarial. Mi prioridad no cambió: que la tecnología sea útil y sostenible. Objetivos claros, métricas simples, procesos mejorados y comunicación abierta entre áreas.
En paralelo a todo eso soy emprendedor y empresario. Tener negocio propio cambia la forma de mirar la tecnología: uno deja de discutir presupuestos ajenos y empieza a firmar los suyos. Esa doble condición —el que decide dentro de una organización y el que responde por su propia empresa— es la que más me ordenó el criterio.
En los últimos años el foco se me corrió hacia la inteligencia artificial, pero desde el mismo lugar de siempre: no como demostración sino como capacidad. IA en el desarrollo de software, en la defensa de la organización y en la decisión de negocio, con agentes integrados a procesos que tienen dueño y métrica. Es la misma pregunta que le hice al low-code y al RPA en su momento: qué proceso mejora y quién responde por él.
Como educador y mentor me interesa el crecimiento profesional de los equipos: desarrollar líderes capaces de impulsar el cambio con impacto positivo y sostenible.
El chat está abierto para intercambiar experiencias sobre tecnología. Sin agenda comercial: solo conversación.
Conversación abierta para compartir conocimiento. Los mensajes llegan a mi consola y respondo desde ahí.
Elegí el día y la hora que te sirvan. Son treinta minutos, sin agenda comercial.
Para una videollamada, pedila por acá y te paso el enlace de la sesión.